Las elecciones de EE UU que se celebran este martes podrían modificar el espacio de maniobra que el presidente Donald Trump tiene en la región latinoamericana. El posible avance de los demócratas afectaría la presión sobre Cuba y Venezuela, así como las disputas comerciales con México y Brasil, y los compromisos con los aliados de Washington.
Antecedentes de la política regional estadounidense
Según datos de EFE, la tradición demócrata en asuntos latinoamericanos se ha caracterizado por una mayor inclinación hacia la diplomacia y la cooperación. Durante la administración de Barack Obama (2009‑2017) se restablecieron relaciones con La Habana y se flexibilizaron normas sobre viajes, remesas y comercio. En la gestión de Joe Biden (2021‑2025) la prioridad fue la colaboración con Centroamérica para abordar las causas de la migración, aunque se mantuvieron sanciones contra Venezuela y no se revocaron la mayor parte de las restricciones impuestas a Cuba.
Presión sobre Cuba y Venezuela
En el caso de Cuba, la administración de Trump ha intensificado la presión mediante un bloqueo petrolero que ha agravado los apagones y la imposición de nuevas sanciones a funcionarios, empresas estatales y actores privados. Además, se obtuvo una orden de arresto estatal contra el expresidente Raúl Castro en Florida el 19 de octubre.
Una mayoría demócrata en el Congreso podría complicar la aprobación de medidas legislativas adicionales y condicionar la asignación de recursos, aunque no eliminaría automáticamente las sanciones vigentes.
Desafíos comerciales y la rivalidad con China
Mexico y Brasil, dos economías latinoamericanas gobernadas por la izquierda, enfrentan exigencias distintas pero comparten la necesidad de proteger sus intereses sin dañar la relación con EE UU.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha adoptado una estrategia de negociación cuidadosa para reducir aranceles estadounidenses a automóviles, acero y aluminio, al tiempo que mantiene la cooperación en materia migratoria y de seguridad. Sheinbaum también ha exigido respeto a la soberanía mexicana y reciprocidad en la lucha contra el tráfico de armas.
Paralelamente, la rivalidad entre EE UU y China influye en la política comercial mexicana. México aumentó los aranceles a productos chinos para fortalecer la producción nacional, pero busca evitar una ruptura total de sus vínculos con Pekín.
Brasil, por su parte, experimenta una relación más tensa con Trump. Los aranceles impuestos por Washington, la inclusión de dos bandas brasileñas de narcotraficantes en la lista de organizaciones terroristas y las diferencias diplomáticas han deteriorado el vínculo con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.
Tras la victoria de Lula en la segunda vuelta del 25 de octubre frente al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, este último huyó a EE UU dos días después y recibió la bienvenida de Trump, gesto que refuerza el apoyo a la familia Bolsonaro. El abogado Guilherme Amorim, especialista en derecho constitucional de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC‑SP), explicó a EFE que en el caso brasileño Trump podría verse obligado a “ser más discreto” en su respaldo a la familia Bolsonaro.
Alianzas con gobiernos afines a Trump
En otro plano, varios países de la región han estrechado sus lazos con la iniciativa “Escudo de las Américas” impulsada por Trump. Entre los adherentes se encuentran Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Trinidad y Tobago.
Estos gobiernos buscan beneficiarse de la protección y los recursos que la administración estadounidense ofrece a través de dicho programa, lo que añade una capa adicional de complejidad a la política exterior de EE UU en Latinoamérica.